Adiós al consejo editorial de Letras Libres

Querido Enrique:

He decidido abandonar el consejo editorial de Letras Libres.

Como sabes, desde hace tiempo me he ido desplazando hacia la izquierda y, casi por carambola, mi distancia intelectual e ideológica con la revista ha crecido, al grado de que hoy rara vez coincido con sus posturas políticas y estéticas. Ocupada en censurar toda práctica de izquierda, la revista desatiende sistemáticamente asuntos que me parecen cruciales: la desigualdad, la exclusión, la precariedad económica. Consagrada a defender un liberalismo que terminó por volverse hegemónico, apenas si hace la crítica de nuestro presente, de las sociedades capitalistas y democracias liberales en que vivimos.

Como también sabes, no comparto la hostilidad de buena parte de los consejeros ante todo aquello que rebasa los bordes del humanismo liberal (la “teoría”, la academia, los estudios culturales, el arte contemporáneo, las vanguardias, los estridentistas, Papasquiaro… y lo que se acumule esta semana), y desde luego no planeo sumarme a ninguna cruzada contra ello.

Se me ha dicho que puedo expresar mi disenso –siempre y cuando no sea radical– en las páginas de Letras Libres y dar la lucha desde el consejo. No estoy seguro de lo segundo: mi función como consejero editorial ha sido siempre menor (rara vez se me ha consultado algo) y, a mi juicio, los dos o tres dictámenes críticos que entregué sobre la revista no fueron atendidos. En cuanto a lo primero: me parece mejor exponer mi desacuerdo –a veces radical– desde otra parte.

Un abrazo.

Rafael Lemus

(Carta abierta a Enrique Krauze enviada a la redacción de Letras Libres.) 

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21 pensamientos en “Adiós al consejo editorial de Letras Libres”

  1. Bien por ello…me gusto la carta mas ahora que nunca es urgente decidirnos…desde hace mucho que deje de comprar la revista…por que supe que el sr Enrique Krauze servia a ciertos intereses…en fin que con su pan se lo coma…saludos y muy buena suerte en estos tiempos de colera….

  2. No sé si realmente ahora algo separe la derecha de la izquierda (en el campo politico) pero le felicito por su no-filiacion al supermercado cultural actual, que termina siendo un desierto etico, politico e intelectual producido por “expertos” fotogenicos, dedicados a un problema y al consuelo.

  3. Si mal no recuerd, en algún momento el propio Enrique Krauze ha flirteado con las posiciones de izquierda, especialmente en el tema de la violencia, en el último tramo del gobierno calderonista. Los pensadores deben estar, incluso, por encima de las etiquetas ideológicas y políticas que muchas veces no son más que ataduras a nuestro libre albedrío intelectual.

    1. Es un gesto que honra a Rafael Lemus. En un país amarchantado, todos deberían seguir su ejemplo. La renuncia pone las cosas en la luz del día y tiene la virtud de revelarnos los límites de lo intolerable. La transparencia ordena en el disenso da un orden que le urge a nuestra identidad.

  4. Hola.
    No tengo ningún problema con tu renuncia a esa revista; incluso te felicitaría por atreverte -ojalá ese tipo de acto, cruzado por la conciencia propia y la autocrítica (acto también liberal o no antiliberal!), se diera más entre la izquierda y/o la supuesta izquierda mexicana, no para pasar unos en todo o en parte a la derecha sino para ser de una izquierda mejor… El problema que veo es otro: algunas de tus afirmaciones en la carta y lo que significan, lo que sugieren o implican, especialmente sobre el liberalismo. Así, pregunto: de veras “la academia” rebasa los bordes del humanismo liberal?! Será que Rawls y Keynes no eran de la academia? Pero sobre todo: por qué creer que el liberalismo es intrínsecamente de derecha, que la izquierda no puede ser liberal, que el liberalismo ya es “hegemónico” y antiigualitario, que todas las democracias en que “vivimos” son liberales, y -lo peor- que “Letras Libres” es LA expresión de El liberalismo en México? O escribiste muy mal, sin precisión ni claridad suficientes, o no has sido muy sensible empírica e históricamente, que no estás cubriendo bien los hechos, independientemente de las ideologizaciones y cierta “opinión pública”… Una cosa sería la serie de creencias y opiniones mediáticas, literarias y seudofilosóficas, por ejemplo, y otra la auténtica filosofía liberal, la mejor filosofía liberal y también el conocimiento analítico-científico, relacionable… Piensa múltiplemente el caso de la “guerra contra las drogas” y la legalización de las mismas…
    Rechazar el liberalismo puede ser (puede ser) rechazar a “Letras Libres”; rechazar a “Letras Libres” puede no ser y no tiene por qué ser rechazar al liberalismo. Te das cuenta? Hay gente que adora al echado a perder Niall Ferguson y no es liberal pero lee la revista de Krauze porque aparecen textos como los de Ferguson y otras “seudoliberalidades” reales. Otros somos liberales y no gustamos de “Letras Libres” (sin que digamos que TODO esté mal con la revista). Si está bien que abandones ese proyecto, no creo que lo esté que por eso abandones o tengas que abandonar una visión liberal, o una más o menos liberalizada. Puedes ser liberal sin ser como Krauze. De hecho, en esa línea podrías ser mucho más y mejor liberal que él.
    Saludos. Te deseo la mejor de las suertes.

  5. Existen pocas sensaciones tan vergonzosas como hablar de un tema que se desconoce. Es evidente que la parafernalia ideológica ha contaminado de dogmatismo la mente de Rafael Lemus. Por principio de cuentas, liberalismo económico no es lo mismo que economía neoclásica (o neoliberalismo, como lo ha llamado y que no es más que un absurdo y banal arquetipo político); y la liberalización del mercado no es más que una noción utópica cuya implantación es y ha sido, por definición, imposible. Creer eso sería equivalente a ignorar el funcionamiento de mecanismos de control de mercado como los subsidios, medidas arancelarias o el sin fin de políticas económicas de carácter estratégico (que usan, indistintamente, todas las naciones del orbe). Quizá su diatriba sea con la utilización de la mercadotecnia como instrumento de idealización en distintas esferas socioeconómicas y culturales (esquema empleado históricamente). Su incomprensión de la ciencia económica no le permite entender a plenitud la distancia entre la crítica de corte estético sobre la literatura o las artes y una perspectiva política tan fundamental como las consignas ideológicas básicas de los folletines de poca monta. Recuerdo el artículo suyo titulado “la novela neoliberal”, publicado en letras libres; sobre un autor que al igual que Rafael, yo mismo detesto; texto cuyo énfasis disemina la supuesta práctica de censura por parte de Letras Libres. A mi entender, las obras verdaderamente significativas en la literatura han convivido siempre con bagatelas. La luminosidad de dichas obras resplandece, con frecuencia, en el análisis del crítico. Es entonces tarea de la crítica dilucidar y distinguir las obras notables entre lo meramente ornamental. No creo que esta sea ni una condición estrictamente contemporánea, ni plenamente “neoliberal”. Es triste, sin embargo, notar cómo una valiosa pluma se enfrasca impelida entre la bazofia del contenido político cuya demagogia plantea un objetivo básico: el alcance del poder.

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